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El concepto de culpa es algo muy común en nuestras vidas, incluso desde los primeros años de nuestra infancia. Esto hace que, cuando incumplimos o creemos que hemos incumplido alguna norma, bien sea establecida socialmente o bien sea asumida por nosotros mismos, nuestro "pepito grillo" se encargue de recordárnoslo, haciendo que afloren los sentimientos de culpa.
Conviene distinguir los sentimientos de culpa positivos de los sentimientos de culpa negativo. Los sentimientos de culpa positivos están encaminados a reparar el daño causado y a no cometer el mismo error. Se trata de una emoción sana y necesaria para la convivencia en sociedad y solamente las personalidades psicópatas o antisociales no experimentan sentimientos de culpa alguno por sus actos y tienden a repetirlos. Estos sentimientos de culpa positivos duran poco y desaparecen cuando hemos reparado el fallo y pedimos disculpas.
Por su parte, los sentimientos de culpa negativos aparecen cuando:
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Nos sentimos culpables sin que hayamos ocasionado ningún daño a nadie.
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Los sentimientos de culpa se prolongan en el tiempo y nos acompañan durante años por algo de lo que nos creemos responsables.
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Creemos que los hechos cometidos son irreparables.
Estos sentimientos de culpa negativos nos impiden disfrutar del momento presente porque nos inmovilizan a causa de un comportamiento pasado. Es decir, nos impiden actuar AHORA porque ANTES nos comportamos de cierta manera. El grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad diaria hasta una severa depresión.
Superar estos sentimientos de culpa negativos es complicado y, en ocasiones, requiere de ayuda psicológica para conseguirlo. La terapia psicológica puede proporcionar el entorno adecuado para hacerlo.
Si deseas ponerte en contacto con nosotros, puedes hacerlo en horario de 9 a 20 de lunes a viernes a través del teléfono 960 800 108 y las 24 horas del día a través de nuestro formulario de contacto.
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