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Como hemos apuntado anteriormente, el término de fracaso escolar hace referencia a la situación que se produce cuando un alumno con inteligencia normal o superior no es capaz de alcanzar el nivel de rendimiento medio esperado para su edad y nivel escolar.
Teniendo en cuenta simplemente el inicio y la evolución del rendimiento escolar a lo largo de la vida académica del niño, el fracaso escolar puede clasificarse en cuatro grupos: primario, secundario, circunstancial y habitual. Cada uno de ellos con distintos niveles de gravedad y requisitos terapéuticos diferentes.
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Fracaso escolar primario. Desde los primeros años de escolarización el niño presenta un bajo rendimiento académico que suele estar asociado a dificultades madurativas. El pronóstico de este tipo de fracaso es inicialmente incierto, puede solucionarse espontáneamente o ser la base de un fracaso escolar permanente, por tanto la monitorización cercana del niño y la facilitación de recursos será imprescindible para asegurar un desarrollo académico adecuado y adaptado a los requisitos planteados por el sistema educativo.
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Fracaso escolar secundario. Se produce cuando después de unos años de rendimiento educativo adecuado surgen los problemas. En general, ese cambio es debido a cambios normales ocurridos en la vida del niño, como es la transición a la adolescencia o el paso de la etapa primaria a la secundaria. Es determinante en este caso, la existencia previa de una metodología de trabajo sistemática que hubiese sido internalizada por el niño, pues en la medida que estos patrones hayan estado presentes es más fácil recuperarlos o simplemente adaptarlos al momento evolutivo. Cuando el rendimiento académico no ha sido producto de un proceso de aprendizaje óptimo, es más difícil superar el escollo que pueda darse en un determinado momento, pues además de las variables que estén afectando en ese momento, habrá que desarrollar técnicas básicas de aprendizaje en las que el alumno sea deficitario.
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Fracaso escolar circunstancial. Es un fenómeno transitorio y aislado que responde a causas concretas y excepcionales, que siendo identificadas, pueden ser, en general, abordadas sin mayores problemas. En general se trata de alumnos con buenas habilidades para el aprendizaje, pero que se ven afectados por situaciones de alto impacto emocional que no saben manejar o que simplemente superan sus recursos psicoafectivos (comenzar a salir con alguien, ruptura de pareja, divorcio de los padres, cambio de centro escolar, problemas con el grupo de amigos, etc.)
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Fracaso escolar habitual. Las malas notas y los suspensos constituyen la característica más habitual del niño desde el comienzo de su escolaridad. Se trata de alumnos que han presentado siempre una gran desadaptación escolar, entre otras causas, debido a características personales como déficit cognitivo, retrasos en el desarrollo, problemas de lectoescritura, etc. Esta desadaptación pueda darse también en otras áreas de su desarrollo como la social, y no es infrecuente que estos niños o jóvenes pertenezcan a familias que presentan cierto grado de desestructuración o muy poco (o nulo) interés por el rendimiento académico de sus hijos, o un gran desconocimiento acerca de cómo debe darse el proceso de aprendizaje.
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